Ojo a la hoja

Por José Villamarín Carrascal

No pasó ni medio siglo desde que América fue conquistada por los españoles cuando la imprenta hizo su aparición en tierras amerindias. En cambio, en las colonias inglesas de Norteamérica, tardó un siglo más en instaurarse. En efecto, a México la imprenta llegó en 1539, mientras que a Estados Unidos llegó en 1639[1]. ¿Por qué tanta diferencia?

Para el mejicano Jorge de Buen Unna[2], profesor universitario y miembro de la Asociación Tipográfica Internacional, la razón es de intereses prácticos. Mientras que los británicos estaban “mucho más ocupados en apropiarse de grandes extensiones labrantías, pues para ellos era mejor negocio llevar granos a Inglaterra que almas al cielo”, en cambio, “en la incipiente Nueva España era urgente proveer a los monasterios de textos sagrados; a los templos, de obras de culto, y a los ministros de la Iglesia, de obras de catequesis en español y lenguas indígenas”.

Si bien los dos imperios perseguían el sometimiento de los pueblos conquistados, los unos tenían intereses más terrenales, frente a los otros que tenían intereses más espirituales.

Y como la imprenta había demostrado en Europa ser un instrumento eficaz en la difusión de las ideas religiosas, los Reyes Católicos quisieron utilizar la misma estrategia en tierras americanas. Esta la razón, según Buen Unna, de que la imprenta haya llegado a la América hispana con tanta presteza y “por qué hubo de transcurrir un largo siglo antes de que se estableciera por primera vez en las colonias inglesas”.

Como lo dijimos al inicio, México fue el primer país de América donde se instauró la imprenta de Gutenberg. Fue introducida en 1539 por el español Juan Pablos, quien cumplía así un encargo de un impresor sevillano para establecer en el país azteca una sucursal de su negocio. Juan Pablos es considerado el primer impresor de América y, para muchos, el Gutenberg de América.

Según el historiador Albert Sutton, el primer libro que se imprimió en este continente fue la Breve y más compendiosa doctrina cristiana, que salió de esos talleres en ese mismo año.

Lima fue la segunda ciudad del Nuevo Mundo y la primera de Sudamérica donde se instaló una imprenta. Ello sucedió en 1584; a su cargo estuvo el impresor Antonio Ricardo. La primera impresión fue la Pragmática sobre los diez días del año. Para fines del siglo XVII se empezaron a imprimir las primeras relaciones u hojas volantes impresas, que salían sin ninguna regularidad.

A Guatemala le cupo el tercer lugar en este listado de países americanos que se hicieron de este invento. Ello sucedió en 1641, aunque no se consolidó hasta antes de 1660.

Es decir, las imprentas de México y Lima se instalaron en el siglo XVI y la de Guatemala en el siglo XVII.

Las prensas en los restantes países empezaron a instalarse con retraso de hasta casi tres siglos en relación a la de Gutenberg. En el siglo XVIII: Paraguay (1705), La Habana (1707), Córdoba, Argentina (1766), Bogotá (1739), Ambato, Ecuador (1754), Quito (1760), Santiago de Chile (1776), Buenos Aires (1780). En el siglo XIX se instalaron en  Montevideo (1807), Caracas (1808), Río de Janeiro (1808), Puerto Rico (1808), Bolivia (1811), Honduras (1830), Nicaragua (1835)[3].

Varias causas se pueden señalar para este retraso. Por un lado, las comunidades religiosas -a la sazón, los únicos centros de cultura- tenían fondos depositados en Europa, especialmente en España e Italia,  para la impresión de sus libros de religión y filosofía. Por otro, los primeros impresores que se establecieron en América tenían celo profesional, por lo que trataron de defender su industria y no permitir la difusión de la misma.

A ello se sumó la idiosincrasia de muchos de los lectores de las colonias españolas, que preferían leer libros y periódicos publicados en España.

También estaba la dificultad en el abastecimiento de tipos, papel, tinta y las propias prensas, todo lo cual era importado de Europa, principalmente de España. Según recuerda Benítez, las prensas que se empezaron a construir en las colonias eran de madera.

Esta serie de situaciones llevó a que autores de libros como el cronista Gaspar de Villarroel o el científico Pedro Vicente Maldonado, de la Real Audiencia de Quito (hoy Ecuador), hicieran imprimir sus obras en Europa, donde les era más fácil enviar sus originales que hacerlo a Lima, Bogotá o, peor aún, a México.

La introducción de la imprenta en las colonias americanas, ya lo dijimos antes, tenía como propósito la difusión proselitista de la religión católica. Por eso es que, al igual que en Europa, muchos años debieron pasar, luego de que fueran instaladas, para que se dedicaran a imprimir noticias.

Mención especial en esta aventura del desarrollo de la imprenta en tierras americanas merece la orden de los Jesuitas, quienes demostraron especial interés por el arte tipográfico. De hecho, según cuenta Wilson Hallo[4], la Compañía de Jesús había estructurado sus propias prensas en Viena de 1559 a 1565. En los siglos XVII y XVIII, las misiones jesuíticas de Bolivia, Ecuador, Paraguay, Colombia, Venezuela, Chile, Argentina, Brasil instalaron sus prensas que, en un principio, homologando a sus antecesoras europeas, se dedicaron a imprimir libros religiosos, santorales, oraciones, ejercicios.

Luego, conforme se descomponía el poder colonial de España y avanzaban las tropas insurgentes en pos de la libertad, las imprentas empezaron a pasar al servicio de los insurgentes, que las utilizaron en su proceso de liberación. Y donde los talleres de impresiones aún no existían, los propios patriotas los fueron llevando como parte de sus expediciones militares. Así lo hizo Francisco de Miranda, en Venezuela, y Juan José Castelli, en Bolivia, mientras comandaba el ejército libertador argentino.

La introducción de las primeras imprentas corre paralela al aparecimiento de los primeros periódicos. De hecho, México, Perú y Guatemala, que tuvieron los primeros talleres tipográficos, dieron a luz las primeras publicaciones periódicas del continente, como veremos más adelante.

NOTAS

[1] William S. Reese, De los Cien Años de la Primera Impresión en América del Norte británica: Impresoras y Coleccionistas, documento leído, en una forma ligeramente diferente, en la reunión anual de la American Antiquarian Society, el 18 de octubre de 1989, y se publicó por separado, Worcester: American Antiquarian Society, 1990. Documento recuperado el 1 de marzo del 2010, de la siguiente dirección electrónica: http://translate.google.com.ec/translate?hl=es&langpair=en|es&u=http://www.reeseco.com/papers/first100.htm

[2] Jorge de Buen Unna, Impresiones de la tipografía mexicana, recuperado el 1 de marzo dl 2010, de la siguiente dirección electrónica:http://www.tipografica.com/59/?id=4

[3] Hay ligeras variaciones entre los distintos tratadistas, respecto a las fechas de la instalación de la imprenta en las principales ciudades y/o países de Latinoamérica. Las que aquí publicamos son tomadas de José Toribio Medina, Historia de la imprenta en los antiguos dominios españoles de América y Oceanía. Tomo I, prólogo de Guillermo Feliu Cruz, recuperado el 1 de marzo del 2010, de la siguiente dirección electrónica: http://www.cervantesvirtual.com/servlet/SirveObras/chile/12708304225699384543435/p0000001.htm, por considerarlo uno de los estudios serios que existen sobre el tema.

[4] Wilson Hallo, Síntesis histórica de la Comunicación y el Periodismo en el Ecuador, Ediciones del Sol, Quito, 1992, pág. 36

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