Que las elecciones se juegan también en los medios de comunicación es un hecho. Lo que nadie sabe es con cuántos votos aportarán los medios. Pero no importa, cada quien se va a jugar por su candidato o, al menos, por su tendencia. Unos de manera más evidente que otros, pero, a la final, que se las juegan, se las juegan.
Y será en los titulares donde más va a quedar evidenciada esa obvia ausencia de independencia, pues es lo que más lee la gente y más impacta al lector.
Veamos una muestra: la cobertura realizada el pasado 24 de octubre a la formalización de la alianza de los sectores que apoyan al movimiento Creo y su candidato Guillermo Lasso. Así titularon dos medios de la tendencia pro gobierno y dos de la tendencia contraria.
22 fuerzas políticas apoyan a Lasso (La Hora)
18 fuerzas políticas apoyan a CREO (El Comercio).
La partidocracia moribunda sale de su encierro y se reagrupa bajo la bandera de Creo(Elciudadano.gob.ec).
Rezagos de partidocracia se unen Guillermo Lasso (El Telégrafo).
¿Coincidencia hasta en las palabras? En efecto, mientras que para los dos medios privados son “fuerzas políticas” las que se unen en torno a Creo, para los dos pro gubernamentales son parte de la “partidocracia”.
¿Cuál de los dos tiene la razón? Cada quien tiene la suya. Para eso utilizaron estrategias distintas: los dos primeros optaron por un titular más informativo, y, los segundos, por uno altamente interpretativo. Pero ambos, en diferente intensidad, pusieron su sesgo ideológico.
Los medios privados prefirieron la supuesta asepsia de la expresión “fuerzas políticas” y ocultaron ¿a propósito? la ideología de derecha del candidato y, por ende, de los movimientos que lo respaldan. Pero se empeñaron en señalar el número de “fuerzas políticas” que respaldan al candidato Lasso (La Hora le dio cuatro más de lo que señalan El Comercio y El Telégrafo), lo cual, de por sí, es una argucia persuasiva, pues parece que son bastantes los que lo apoyan, sin explicar (en el contenido de la nota), que la mayoría de ellos son solo puro espejismo.
Los que son afines al Gobierno se esforzaron por lo contrario: resaltar la vinculación que, con la llamada “partidocracia”, tienen los principales movimientos que apoyan a Creo, lo cual tiene una fuerte connotación ideológica negativa en el imaginario popular. Es más, Elciudadano.gob.ec no tuvo ningún empacho en utilizar fuertes calificativos (“partidocracia moribunda”), y, en general, le dio a su titular un tono en el que se delata con absoluta claridad su animadversión al movimiento Creo. Ese titular y el contenido en general (lleno de calificativos) le ubican también como un medio más cercano al “periodismo” panfletario y de barricada que a uno serio y profesional.
Adicionalmente, en su contenido, los dos medios privados o comerciales optaron por notas factuales (“hechos, solo hechos”), es decir, descontextualizadas, una excelente forma de desinformar, pues con ello el lector no tiene la información necesaria y suficiente para entender bien el hecho. Por ejemplo, los dos medios no hablan, ni por asomo, de que el candidato de Creo, Guillermo Lasso, representa a la derecha. Respecto a los movimientos que lo respaldan, El Comercio menciona a militantes y exmilitantes de la ID, PRIAN y PSC, pero sin ninguna explicación adicional. La Hora solo habla de exmilitantes de “partidos tradicionales” y menciona solo a uno de la ID. Pero todo como si fuese algo normal. No arriesgan ninguna interpretación, como sí suelen hacerlo cuando se trata del partido de Gobierno.
Los dos medios pro gubernamentales, en cambio, fueron por el camino contrario. Se empeñaron en insistir en los antecedentes de quienes apoyan al candidato de la derecha, vinculándoles con la “partidocracia”. Eso explica, a la vez, que cada uno haya utilizado para estas notas nada menos que el triple de espacio que cada uno de los medios comerciales.
Conclusión final: En periodismo, “Don inocencio” murió antes de nacer. Como dice el comunicólogo chileno Camilo Taufic: “No existe la información por la información: se informa para orientar en determinado sentido. Que nadie sea llamado a engaño en una materia en que tantos quieren aparecer (…) como inocentes, apolíticos o neutrales. No hay tal inocencia, tal apoliticismo o tal neutralidad”
(Publicado originalmente en www.ciespal.net/mediaciones)
