Ojo a la hoja

Los manuales de periodismo hablan de la existencia de dos tipos básicos de titulares en la noticia: los informativos (que suelen aparecer como neutros) y los interpretativos (que implican una toma de posición).

Veamos cómo, el pasado 23 de junio, los principales medios de comunicación del país titularon sus noticias sobre la salida de Fernando Lugo del poder, en Paraguay.

El Universo (Lugo fue destituido), La Hora (Sale Lugo, asume Franco), El Comercio (Lugo destituido, asume Franco) y Hoy (Rechazo global a la destitución de Lugo) fueron los medios que optaron por titulares informativos. Expreso (Fin a la era Lugo) y El Telégrafo (Golpe de Estado en Paraguay) prefirieron el compromiso de la interpretación.

Los titulares informativos son aconsejables en temas delicados y sensibles o cuando el medio prefiere no asumir una posición explícita. En el caso de los medios impresos, en este tipo de títulos se corre el riesgo de que, como la tecnología los rebasó, lo que informen puede ser ya una “noticia guardada”. Con seguridad, “todo el mundo” se enteró del hecho antes que los diarios lo dijeran.

Esto les pasó, de alguna manera, a El Universo, La Hora y El Comercio. No así al diario Hoy, que si bien utilizó también un título informativo, no repitió lo que todo el mundo sabía (la “destitución” de Lugo), sino que, al menos, dio un paso más allá e informó sobre las reacciones al hecho: “el rechazo global a la destitución de Lugo”.

Expreso y El Telégrafo, en cambio, prefirieron pisar los terrenos generalmente cenagosos de la interpretación. En lugar de ser repetitivos e informar lo que ya se sabía, prefirieron arriesgar. Fin a la era Lugo, tituló Expreso en letras destacadas. Y El Telégrafo fue más allá: Golpe de Estado en Paraguay.

La propuesta de Expreso, sin embargo, adolece de dos errores: imprecisión y anticipación. Primero, no creo que los cuatro años en el poder de Lugo constituyan una era. Este calificativo podría atribuirse a Chávez, Evo Morales o Correa; y, por supuesto, a Fidel Castro. Pero no a Lugo. Segundo, ¿era el fin de Lugo? Probablemente sí. Pero también quedaba la posibilidad de que fuera restituido (por las presiones y aislamiento internacionales, entre otras). Una posibilidad lejana, es cierto, pero  no improbable. ¿Qué pasaba si eso sucedía? Que el titular habría terminado siendo falso. Como que siempre es mejor no arriesgar en ese sentido.

El Telégrafo, por su parte, prefirió interpretar el hecho y titular Golpe de Estado en Paraguay, basado en la actuación de un Parlamento con mayoría absoluta de la oposición (por ende con consignas políticas y no argumentos constitucionales), que se fue en contra del orden constitucional y que no cumplió con el debido proceso para la destitución. En este sentido se pronunciaron muchos gobiernos de la región, como Costa Rica, Brasil, Argentina, Ecuador, Bolivia, Venezuela (un par de ellos, al menos, que no pertenecen al “eje del mal”).

¿Y qué dijeron los medios? Respecto al hecho más evidente que deslegitima la destitución, cual es el incumplimiento del debido proceso, se dijo que este fue polémico, que el juicio político fue vertiginoso o que fue un “sumarísimo” proceso. Eso está bien. Pero no fue suficiente, pues en ningún caso se explicó si aquello tenía implicaciones antidemocráticas que podrían significar un golpe de Estado.

La agencia de noticias española EFE sí habló de un incumplimiento del “debido proceso”. Dijo que “…ni la intercesión de los cancilleres de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), que se trasladaron a Asunción en la noche del jueves, lograron suspender el proceso de destitución ni asegurar el debido proceso” (el resaltado es mío). Solo que esta parte de la noticia se publicó en el párrafo número 10, casi al final de la noticia (Expreso, 23/VI/12, pág.2). Y tampoco se explicó lo que implica el incumplimiento de este requisito constitucional.

¿Ajustarse a la línea editorial del medio?¿Afán de no comprometerse con el hecho? Sea lo que fuere, no abona al entendimiento de lo que realmente sucedió en Paraguay, por lo que esta información estaría más cerca de la desinformación, que lleva a la aceptación pasiva de los hechos.

Por lo visto, se torna imprescindible retomar la propuesta del comunicólogo uruguayo Mario Kaplún, quien recomienda que para hacer un buen periodismo es necesario problematizar la realidad, es decir, escribir para dejar pensando. No lanzar afirmaciones, sino suscitar reflexiones, es su propuesta.

(Publicado originalmente en www.ciespal.net/mediaciones)

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