Ojo a la hoja

Por José Villamarín Carrascal

Decir que la información es poder, de tanto decirlo, había quedado solo en discurso. Pero después del 30 de noviembre, cuando el sitio de Internet wikileaks (WikiFiltraciones o WikiFugas, en inglés) sacó a la luz más de 250 mil archivos con información reservada sobre los Estados Unidos, esta frase volvió a revalorizarse y adquirió su real dimensión. Pero con un giro fundamental: información no para el control de los ciudadanos, sino para el control del poder.

Al menos hay tres entradas para analizar este polémico caso: la legalidad de lo actuado por el portal de Internet, los contenidos que están saliendo a la luz que involucran al menos a  30 países y los efectos mediáticos que tiene. Por ser este un portal de comunicación, me centraré en este último.

En el plano mediático, varias lecciones deja wikileaks, que no son definitivas, claro está, por lo que habrá que procesarlas muy despacio.

Primera. Los más golpeados fueron los grandes medios corporativos. En efecto, las filtraciones dejaron al descubierto distorsiones en el manejo informativo de varios de esos grandes medios, como las coberturas parciales durante las invasiones a Irak y Afganistán, por ejemplo, lo que ha generado una mayor pérdida de credibilidad.

De ahí que la información filtrada no se la entrega, precisamente, a un periódico de alcance mundial, sino a un portal de Internet, pues no hay confianza en que aquel le pueda dar buen uso. El New York Times le dio la razón a quien actuó de esa manera: a poco de que le llegó la información confidencial, informó que consultará con la Casa Blanca la publicación de aquellos segmentos de la información proporcionada por wikileaks que pudieran “lastimar los intereses nacionales”. Como decía un graffiti: ¿Medios independientes? ja ja ja.

Segunda. Los grandes medios corporativos dejaron de ser los monopolios de la información, pues hoy la disputan y con mayor eficiencia los medios on line. De ahí que resulte verdad que la información, ahora, no está en los medios tradicionales, está en Internet.

Tercera. Los grandes medios escritos pasaron a segundo plano. Quien decide qué medios deben difundir esta información clasificada es un sitio de Internet. Pero esta que es una fortaleza de wikileaks es, a la vez, su debilidad. Aún no está preparada para asumir por sí sola la difusión de los contenidos y necesita de los grandes medios corporativos. Es decir, la marca, el nivel de credibilidad que todavía tienen, el nombre que se han hecho en el mundo pesa todavía. No han sido desplazados: son complementarios. Wikileaks necesita de ellos para difundir su información.

Es aquí donde entra el periodista en su papel de cribador, seleccionador, jerarquizador de contenidos. El poder vuelve a los grandes periódicos. Son ellos quienes deciden lo que se publica y lo que no, el espacio que ocupan, el giro que le den.

Pero tampoco tienen toda la libertad a la que han estado acostumbrados. Wikileaks, con o sin intención, jugó bien sus cartas. La información filtrada no entregó a uno sino a cinco medios. Los puso a trabajar en aquello que les fascina y en lo que son eruditos: la competencia. Si el New York Times no publica una determinada información porque lesiona los “intereses” de Estados Unidos, lo hará Le Mond o El País. Hay relativamente poco lugar para la invisibilización.

Cuarta. Si los medios escritos pasaron al asiento trasero, los audiovisuales van de llanta de emergencia. Estos quedaron solo para reproducir lo que dicen los grandes medios o las agencias internacionales de noticias y, en el mejor de los casos, para armar uno que otro debate semanal. Y pare de contar. Con todas las posibilidades multimediáticas, Internet sigue siendo la reina.

Quinta. Uno de los estándares de los medios fue su capacidad de ser y actuar como contrapoder. De ahí que se les llegó incluso a motejar como Cuarto Poder, pues eran los encargados de vigilar a los otros tres poderes tradicionales (legislativo, ejecutivo y judicial). Hoy, como se han desnudado definitivamente como cómplices de tantos silencios, de tantas invisibilizaciones y sesgos informativos para favorecer a los poderes reales, ya no son más ese cuarto poder: “hoy se han simbiotizado, son uno más de esos poderes”.

Sexta. Se revaloriza el papel del ciudadano, pero no como la persona que ejerce lo que hoy se conoce como periodismo ciudadano (todavía en entredicho por todas las limitaciones obvias que en el manejo de la información tiene una persona común y corriente), sino más bien como el facilitador o proveedor de información útil para controlar los deslices de los poderes de turno. Quien antes lo hacía era el periodista. Como hoy este tiene ataduras con la publicidad y con los poderes políticos y económicos, por lo que practica la autocensura, quien está llamado a asumir ese papel es el ciudadano, pues, primero, tiene acceso a esa información normalmente guardada bajo siete llaves y, segundo,  dispone de wikileaks y otros portales similares que ya existen o que están en formación (como el anunciado por ex colaboradores de wikileaks). Pero cuidado con que esto se convierta en una forma de chantaje o de cacería de brujas o que se quiera confundir con los dimes y diretes sobre ricos y famosos, propio del seudo periodismo de farándula, o con el chisme de la vecina del barrio. Tiene que tratarse de hechos de trascendencia social.

Esta es, quizá, una de las consecuencias más relevantes del “cablegate”, pues debería devenir en la construcción de lo que Ignacio Ramonet llama la “fuerza cívica ciudadana”. Una fuerza cívica que obligará a los poderes políticos y económicos a hacer de la honestidad su norte.

Séptima. Si los medios dejaron de ser un poder que vigila a los otros poderes y pasó a ser uno más de ellos, es necesario que alguien vigile a esos medios para que cumplan con su rol fundacional. Como sugiere Ramonet, es necesario crear “un quinto poder que informe sobre la información”.

En esta perspectiva, es válida la pregunta respecto a si Wikileaks no es acaso ese quinto poder. Aunque si de informar sobre la información de trata, no hay que olvidar el papel que cumplen y deben cumplir los observatorios y veedurías ciudadanas de medios, encargadas de hacer seguimientos rigurosos, técnicos y especializados a los poderes mediáticos que insisten en querer dejar de ser actores sociales para convertirse en actores políticos.

Sea como fuere, wikileaks marca un antes y un después en el manejo mediático de la información.

PD. No puedo resistirme a suscribir estas frases de dos cibernautas: “El Poder no va a tolerar que esto se extienda demasiado, y acabará absorbiendo a Wikileaks.”

“Si por algo es valorada la verdad es porque escasea, así que no creo que a esas plataformas les quede mucho oxígeno. De todas formas, si hacemos caso del instinto humano, es posible que, aunque sean absorbidas, alguien decida relevarlas. Lo que me pregunto es cuánto durará y si nos daremos cuenta cuando se dé la absorción”.

¿Qué dice usted, estimado cibernauta?

(Publicado originalmente en www.ciespal.net/mediaciones.com)

2 Comments for this entry

  • Juan Manuel Reinoso dice:

    muy deacuerdo, en todo caso mientras esperemos que nos den quitando la venda de los ojos entonces será tarde. Las cosas son tan evidentes, wikileaks simplemente publica las pruebas que delatan las políticas represivas y manipuladoras de “las potencias mundiales” y lo más grave que nosotros formamos parte de esa madeja, tan solo somos títeres, ?acaso somos la voz dormida de un pueblo reprimido manejado por el capital? ?ser tontos útiles al denunciar todos esto?, vamos pueblo, esto solamente es muestra de lo que era obvio vivímos denunciando, rodeados de corrupción todo empieza en la ética, en lo que nos ensenan en las aulas, el albedrío, aquella grandiosa cualidad pero que mas dá unámonos en la lucha… no creeer en un pueblo más justo porque eso es efímero nada se ha conseguido, comenzar la pelea desde sus hogares teniendo todos una mentalidad “wikileaks” que se filtre y se publique nuestro sentir, si nos convertimos en una sola voz ?quién nos callará? es más, siempre seremos mayoría y vendran más trás nuestro…. juanma

  • Ariana dice:

    con lo ya dicho estoy de acuerdo, pero de igual me queda una incognita el repentino golpe de información de alguna forma nos puede estar manupulando?

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